kuttel2021-06-25T21:22:34+00:00

Verónica Kuttel

Bailar nos permite traspasar ciertas fronteras que nos erigimos nosotros mismos, para conectarnos con el cuerpo y el corazón. V.K.

Esta sala del Centro Cultural y de Convenciones La Vieja Usina es una de los dos espacios que lleva el nombre de Verónica Nedime Kuttel Osman en Paraná. La otra es la sala de ensayo del Teatro 3 de Febrero.

Verónica, para los conocidos; la Vero, para las amigas y los amigos; Nedime, para la familia, fue una bailarina, coreógrafa, directora y referente de la danza contemporánea. Nació en Paraná el 20 de octubre de 1966; murió el 26 de marzo de 2014.

“El deseo de bailar, aunque se presente como un artificio cultural, responde en realidad a una pulsión ancestral”, decía Verónica Kuttel, quien fue profesora de danza clásica, contemporánea, tango e improvisación en el movimiento. Desarrolló una gran actividad como coreógrafa y asistente de movimiento en obras de teatro. Dio clases en la Escuela de Música, Danza y Teatro Profesor Constancio Carminio de la UADER y dictó seminarios e integró obras de tango dentro de la Seresta Dance Company de Atenas. Representó al país en Paraguay y México en la modalidad tango; y participó –junto a Pablo Médici– en Si escucharas mi corazón, obra de tango teatro dirigida por Gerardo Dayub.

Como gestora artística y cultural ejecutó el diseño, recopilación y publicación del Relevamiento Cultural Entrerriano, en sus ediciones de 2001 y 2003 de la Subsecretaría de Cultura de Entre Ríos.

Obtuvo una beca de perfeccionamiento (del Fondo Nacional de las Artes) en el Instituto Nacional de Teatro en Experimentación Escénica, y con el tiempo dirigió su propio grupo experimental de danzas El Laboratorio, desde 1994. Allí investigaba en técnicas de movimiento que se plasmaban en obras de teatro.

Dirigió, junto a Lito Senkman, en el elenco rotativo de la UNER la obra Tango, con Raúl Eusebi y Victoria Roldán como protagonistas. Su última presentación colectiva fue en Tangueras, en el 2013, junto a Pablo Médici y otros artistas. Fue impulsora del Encuentro de Teatro de Movimiento de Paraná, que inició en 2006.

“Fue siempre, siempre, chiquita e inquieta. De cuerpo, de manos; pies pequeños y movedizos como los de las bailarinas. Imparable en el andar, caminaba, caminaba, caminaba siempre, sin fatiga. Y, al mismo ritmo, creaba”, la describe su madre, Gloria Osman.

Verónica Kuttel vivió en la casa familiar de la calle San Juan hasta sus 36 años, período que ella definía como “los años dorados”, según el relato de Gloria, quien asegura que Verónica tenía siete años cuando decidió ser bailarina. Comenzó con la maestra Alicia Vásquez de Calderón. En 1985 recibió el diploma que la acreditaba como Profesora de Danzas Clásicas de la Escuela de Música, Danza y Teatro.

En simultáneo a sus actividades artísticas, inició estudios de bioquímica en la Universidad Nacional del Litoral, pero al poco tiempo definió que dedicaría su vida a bailar. Empezó entonces, en los años ochenta, a viajar a Buenos Aires para participar de las clases de verano en el Teatro Colón. Se alojaba en Banfield, desde donde tomaba el tren a Plaza Constitución y desde allí caminaba hasta el teatro.

A su regreso a Paraná comenzó sus rupturas con el formato ballet y su incursión en las danzas contemporáneas, tango y milonga. “La particular mixtura de un porte entre arrabalera y clásico admiró a propios y extraños –dice su madre–. Mi hija mostraba en sus movimientos, las coreografías típicas del ballet con tanta hidalguía, como los pasos y balanceos atrevidos de la danza rioplatense”.

Realizó nueve viajes a Grecia, invitada para dictar clases y seminarios en la Seresta Dance Company, de Chritina Beskou.

Su viaje a Buenos Aires para tomar clases en el Colón significó un antes y un después en la vida de Verónica Kuttel, señala Gretel Schroeder. Estuvo unos meses probándose y no la aceptaron porque su cuerpo no cumplía con los requisitos del prototipo físico de la danza clásica. “Su camino a la transgresión de los parámetros clásicos la llevaría a adquirir una nueva pasión que cultivó con sabiduría, paciencia y mucho trabajo: democratizar la danza. Una afirmación pedagógica y artística que difundió con insistencia por todos los espacios que pudo, ciertamente, como un torbellino que sacude las paredes”, afirma su alumna.

Dio clases en la misma institución en la que se había formado y comenzó a estudiar teatro y participar de algunas obras como actriz. Su indagación en la danza contemporánea se inició en soledad y luego con Fabio Vides. Para que pueda entrenar, su padre le instaló una barra de hierro en la sala del Centro Cultural La Hendija. Tuvo una formación fue constante, tomando cursos en Buenos Aires, Rosario y Santa Fe en diferentes lenguajes de danza contemporánea y popular, que luego replicaba en su entorno con talleres y seminarios. “Lo suyo fue una propuesta social y política, impensada para esos tiempos en la ciudad”, expresa la madre.

Sus compañeros en este camino de experimentación la empezaron a llamar “Pinina del litoral”, en alusión a su estatura y en referencia a la pionera de la danza contemporánea Pina Bausch, a quien admiraba.

Produjo obras usando los materiales que surgían de largos procesos con improvisaciones guiadas y exploraciones que después ampliaría con el Taller de Composición e Improvisación en el Movimiento, que dictó en la Escuela de Música, Danza y Teatro de la UADER desde 2003 a 2013. Schroeder destaca que en sus grupalidades incluía tanto a bailarines experimentados como a personas que provenían de otros ámbitos, para que se formase lo que denominaba “la argamasa”.

En cuanto al tango, comenzó a tomar clases con Pocho Fontelles, al principio con su compañero en la danza clásica, Gustavo Vaccalluzzo. Después armó dúo por un tiempo con Pablo Villarraza y luego con Pablo Zoquini. Su compañero en el tango y en la vida fue Pablo Médici, con quien también dio clases y organizaba, desde fines del siglo pasado, milongas en Paraná.

El consejo reiterado en sus clases era: “dejá de pensar y hacelo”. Verónica Kuttel afirmaba que “para bailar no hacen falta condiciones especiales; toda persona, independientemente de su sexo, edad o condición física puede hacerlo, solo hace falta tener deseo de aprender y disfrutarse, ya sea que lo realice como una actividad recreativa, de acondicionamiento físico o profesional artística”.

De su último viaje a Grecia volvió con malestares físicos. Seis meses después, murió de una enfermedad fulminante, a sus 47 años.

Sus seguidores y seguidoras crearon, en 2018, la Fundación Verónica Kuttel, situada en calle La Paz 619, donde en 2021 se comenzará a construir una sala. “La idea es que sus discípulas y las que vengan detrás tengan un lugar adecuado para bailar en la ciudad”, comparte Gloria Osman. Además, una calle de Paraná lleva su nombre por ordenanza 9872 de 2019: se trata de la ex calle 1775 de la Vecinal de Las Américas.

FUENTES
Pinina del litoral. La danza de Verónica Kuttel. Gloria Osman, Gretel Schroeder, La Ventana Ediciones, Paraná, 2018.
“A bailar… y sin fronteras”, en Tomá Nota. Verónica Kuttel. Edición del 2 de abril de 2010.
Mujeres en las calles. El nomenclador urbano desde una perspectiva de género. María Mercado Doval, Editorial Municipal Paraná, 2020.
Verónica Kuttel. Su vuelo y su danza. Gloria Osman, inédito.
Entrevista con Goria Osman para esta investigación. Mayo 2021.

FOTOS gentileza Gloria Osman

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